lunes, 19 de abril de 2010

Sombra




La sombra de él opaca a la del árbol de mi casa

lunes, 5 de abril de 2010

Cuarteto





Queda en los ríos,
las palabras que fuimos hablando.

Para Joel por existir,
para Roberto por ocupar,
para Monsivais por ser.

Motivos sobran para conjugarnos en una sola palabra, pero debo admitir que el entusiasmo y la brillantez de mis queridos co-bloggeros fueron los que animaron a esta desalmada a inaugurar ese nuevo rincón o pecera como lo hemos llamado. Despúes de esta breve explicación aquí les dejo el link para que juzguen por su cuenta, bienvenidos sean al club de los curiosos.


http://hagamosalgotodosjuntos.blogspot.com/


P.D. No dejen de leer poesía.

miércoles, 27 de enero de 2010

Algo cercano a otro homenaje, a él, Efraín Huerta

Urgando encontré un poemínimo de uno de los consentidos de este blog, Efraín Huerta.


Paseo I


Ahorita
Vengo
Voy a dar
Un paseo
Alrededor
De
Mi
Vida
Ya vine

jueves, 14 de enero de 2010

Un poema de Fernando Pessoa dentro de mis lecturas nocturnas él nunca falta.




Si alguien toca un día a tu puerta...

Si alguien toca un día a tu puerta,
Diciendo que es un emisario mío
No creas, ni aunque sea yo;
Que mi vanidoso orgullo no intentaría
Tocar siquiera la puerta irreal del cielo.
Pero si, naturalmente, y sin oír
A alguien tocar, la puerta fueras a abrir
Y encontraras alguien como a la espera
De tocar, medita un poco.
Ese era Mi emisario y yo y lo que intenta
Mi orgullo que desespera
¡Abre a quién no llama a tu puerta!

martes, 13 de octubre de 2009

Inventario







A Hidalgo por el inventario de mis bienes

La reciente visita que realizamos al estado de Hidalgo tuvo tintes surrealistas, pero confirmé y deseché hipótesis acerca de las conferencias o los talleres, lo cierto de todo el viaje es que divulgar el conocimiento y difundir la palabra es de las necesidades fundamentales en la era que nos toca vivir. Nuevamente recorrí y quise devorarme la ciudad en un instante, respirarla al igual que zacear el hambre de los universitarios por comer un poco de ese pastel llamado oratoria, que desde tiempos añejos ha sido confundido con la pedantería y la retórica de muchos que la han utilizado para desvirtuar las más bajas pasiones, pero no dedicaré esta entrada ha comentar el mal uso de ese arte, si no ha relatar lo ameno que es conocer el resultado de enseñar, sobretodo en estos días donde mi vocación se vislumbra en su totalidad. De esos días me llevo los vientos que me azotaron y la lluvia que empapó mi cabello y que hizo que la ropa se ajustara a las formas naturales de mi cuerpo y sin llevar con que cubrirme terminé empapada por la lluvia de una tarde de viernes en la plaza justo cuando saludaba al querido Benemérito y observaba la hora del imponente reloj de la ciudad de Pachuca, para terminar escuchando boleros y brindando por el gusto de la causalidad, todo se conjuga, caminar por las calles empedradas de Real del Monte o montar a caballo y cabalgar por las estrechas banquetas de un pueblo que regala fragmentos de historia. Cierto es que regresé encantada y guardé en mis poemas a la Sandunga, la Martiniana, Alfonsina, Amaranta, Amanda, la genérala Cienfuegos, la Llorona, y todos aquellos personajespara reinventar palabras que no se las robe el silencio y entre el inventario que realicé de mi tiempo y espacio me encontré nuevamente a Ingrid y a Yelitza que para variar es la misma persona, la desempolvé de ese armario donde se guarda lo que más se quiere y me la encontré completa si acaso algunos rasguños o moretones, pero completa, dispuesta a regresar y tomar los apuntes y quitar las telaraña de esos libros que deben concluirse y dispuesta a publicar en este espacio de versiones notas de interés literario y académico y no solamente los instantes fugaces de la vida o las nuevas noticias de lo que ocurre en Amaranto, ya no publico poemas porque a decir de la Maga cuentan como publicación y no podrían contarse como inéditos en un poemario o en otra publicación. El inventario dio por resultado el regresar no cuando me fuera posible si no cuando yo lo disponga, gracias a todos los amigos bienamados que me han recibido a lo largo de la travesía.

Mi afecto especial a hidalgo tierra de vientos helados.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Lo más cercano a un homenaje a él: Pablo Neruda

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda; no necesita que exponga en este blog sus datos biograficos, sólo hago una pequeña mención hoy a 36 años de su fallecimiento dejo este poema que pertenece a una sección de canto general del poeta considerado el mejor del siglo XX, queda para todos los escasos lectores la posteridad de su hermosa poesía.

LA LÁMPARA EN LA TIERRA
AMOR AMÉRICA (1400)

ANTES de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.

El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban
escritas.
Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.

No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayó una gota roja en la espesura
y se apagó una lámpara de tierra.

Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despeñadas
de la sombría paz venezolana,
te busqué, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre
oh tú, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.

Yo, incásico del légamo,
toqué la piedra y dije:
Quién
me espera? Y apreté la mano
sobre un puñado de cristal vacío.
Pero anduve entre flores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un párpado verde.

Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Lo más cercano a un homenaje a él: Max Rojas


Me complace dar una versión muy breve en este espacio especial para todos los testigos que tengan una asignatura pendiente. Dentro de tantas declaraciones yo hago la mía alusiva al homenaje del maestro Max Rojas que se efectuará el próximo miércoles 9 de septiembre en Chilpancingo de los Bravo Guererero, con el apoyo de compañeros de la unidad académica de Filosofía y Letras. 

A continuación algunos datos de homenajeado.

Max Rojas
Ciudad de México, México,1940.Autor de dos libros de poesía: El turno del aullante(1983) y Ser en la sombra (1986). Escribió también la novela inédita "Vencedor de otras batallas". Seleccionó y presentó la Antología poética de Renato Leduc (1991) y ha publicado una serie de artículos periodísticos bajo el seudónimo de Carlos Manrique. Actualmente su poema CUERPOS, se publica gracias al apoyo de diversas editoriales independientes, ya que esta obra cuenta con más de 3 mil cuartillas.

Para el deleite uno de sus poemas:

MEMORIA DE LOS CUERPOS


{CUERPOS Uno}

I

Cuerpos,
hay que abolir el tiempo,
regresar a la esfera.
Sólo el círculo salva
y no hay sino la urdimbre fantasmal
de los regresos y los viajes,
las huidas.

Se huye.
Uno se vuelve sombra fatigada
y se disloca,
se cuartea la huesumbre,
el alma se acongoja y pierde su condición
de almario
donde las penas y el amor que se extravió hace mucho
custodian su vigilia permanente
a la espera del sueño,
del regreso corpóreo de lo ido.

Sombra ya
como caída y yerta,
como badajo de campana que suena y suena
sin sonido alguno,
como camión destartalado y sin siquiera
pasaje funeral a los olvidos.
Sombra que ya perdió su propia sombra
en la búsqueda atroz de tantas sombras
--memoria fantasmal,
fantasmas al acecho
y en fuga circular hacia la nada.

Sólo el círculo salva,
Cuerpos,
su peculiar demencia de formas despiadadas
salva
y lo salvífico, después,
se expande en los infiernos,
se desarrolla y se machaca y clama
su condición desesperada de naufragio.
Sólo el círculo ofrece la certeza
de que lo huyente volverá algún día.

Fervor hacia los cuerpos,
las caídas.
La esfera es lo ejemplar de lo radiante,
la luz inmaculada y fría que se asesina
con mirada dura
--y mira,
los cuerpos tan amados que se abaten
en la niebla
hasta volverse sed o agua apenas
vislumbrada,
vislumbres que lo que ya dejó
de ser corpóreo ofrece en gesto de piedad
o desconsuelo
{no se sabe o se sabrá jamás
el peso de la noche cuando todo cae encima de uno
{y lo degüella.

Palpa el demente nada pero palpa,
con avidez, la nada
y sorbe
lo fantasmal que permanece de los cuerpos
cuando huyen
y sorbe entre los huesos el hueco que dejaron
y sorbe la caída
y sorbe los contornos de lo ido y lo quedado
--lo perenne,
lo fijo e inmutable,
pero también, lo que se pierde.
lo que se deja abandonado
o lo que se abandona a sí mismo
y desguarece,
lo extraviado, lo que se hizo a un lado
o se tiró porque ya no servía
pero de todos modos se quedó atorado
en la conciencia.

Conmiseración por el que yace
perdido entre la bruma,
Cuerpos,
el que deambula en los jardines
como lunático perdido en su inocencia
{fe perdida, razón de la añoranza},
en su rotunda necedad de ser cuerpo cercado
por los cuerpos sombríos del recuerdo.

Fe en la contemplación de cuerpos de mujer
que organiza el espíritu,
acechador de carne
y de zarpazo,
para el descanso de su ánima tristona.
Fe en el descenso de las aguas
y fe en la limpieza de la carne
y en lo pecaminoso que, a veces, se guarda
en el espíritu,
fe en la degustación de líquen y de pasto
entre lo impropio del perdón que llega
y la impiedad,
que se resiste a irse.

Manías del extraviado en los espejos
que contempla los cuerpos
congelados,
la salvación hecha un desastre
y envuelta en su envoltorio de cascajo,
la mortandad que avanza y que no cesa
de incrementar volumen.
Sólo el círculo salva,
Cuerpos.
No crujan,
no estampen la estampida en lo cuarteado,
lo que se desmorona y cae y se hunde
sin remedio.
Lo pasional escurre como un cilindro seco
y ya sin música,
y el que tocaba el instrumento falleció
hace ya tiempo
de afónica nostalgia y ahora tartajea
su adiós de cilindrero
ladrando en el silencio,
alma en crisis
que se integra a la noche y se sumerge en ella.

Sólo lo quieto salva y purifica,
Cuerpos,
lo móvil contamina y roe ácidamente
todo lo que semeja cuerpo
o imagen susceptible de volverse cuerpo.

(No hay salida.
Los muertos rondan los espejos
y no cantan,
palpan lo que oscurece y silban mucho).

No crujan.
La esfera es, dicho con toda propiedad,
lo eterno,
lo cristalino y puro que endurece
lo que llamamos lo eternal
--morada fija
o duradera pasión de allí quedarse siempre
y sin mudanza alguna,
vida y muerte quietas,
sombra ensimismada que se adentra en el cristal
y permanece entera,
crepitante

Crujan.
En lo eternal el tiempo no transcurre,
el devenir deviene en lentitud pasmada,
en detenida cualidad de nada,
en incorpóreo cuerpo de vidrio machacado.

No crujan,
pero chirrien,
cuerpos que están después de haberse ido,
como el aire,
como la luz,
inmóviles,
en detención suprema,
lejanos en el tiempo,
cautos,
a la espera de que algo los sostenga siempre
colgados de las sombras que salen de las lámparas,
fieles,
como estatua obligada a custodiar su sueño,
a ser eternamente igual que al tiempo de su origen.

Crujan,
pero no olviden que, a veces,
chirrian las ovejas
y que el metal, tiernísimo,
susurra vagamente o bala sus pesares
o su destino es triste.
Chirrien
o agiten las campanas
o cabalguen por el ancho mundo,
pero no olviden que el olvido es una cosa dura,
pegajosa,
difícil de olvidar aunque se quiera

(Cuerpos,
la esfera es lo abisal,
la condición de la demencia,
la sensación de que la nada es todo
y él todo es un señor que muere vuelto nada)

El círculo es la perfección palpable,
Cuerpos,
el tiempo que se va pero regresa siempre,
como agua que se estanca entre ladrillos viejos,
enmohecidos,
espejo de la sed de lo corpóreo
que permanece, inalterable,
inmune a los desgastes,
cuerpadamente míos,
eternales,
consumación de los amantes en lo abstracto.


(Amor, a fin de cuentas, es vacío)