martes, 13 de octubre de 2009

Inventario







A Hidalgo por el inventario de mis bienes

La reciente visita que realizamos al estado de Hidalgo tuvo tintes surrealistas, pero confirmé y deseché hipótesis acerca de las conferencias o los talleres, lo cierto de todo el viaje es que divulgar el conocimiento y difundir la palabra es de las necesidades fundamentales en la era que nos toca vivir. Nuevamente recorrí y quise devorarme la ciudad en un instante, respirarla al igual que zacear el hambre de los universitarios por comer un poco de ese pastel llamado oratoria, que desde tiempos añejos ha sido confundido con la pedantería y la retórica de muchos que la han utilizado para desvirtuar las más bajas pasiones, pero no dedicaré esta entrada ha comentar el mal uso de ese arte, si no ha relatar lo ameno que es conocer el resultado de enseñar, sobretodo en estos días donde mi vocación se vislumbra en su totalidad. De esos días me llevo los vientos que me azotaron y la lluvia que empapó mi cabello y que hizo que la ropa se ajustara a las formas naturales de mi cuerpo y sin llevar con que cubrirme terminé empapada por la lluvia de una tarde de viernes en la plaza justo cuando saludaba al querido Benemérito y observaba la hora del imponente reloj de la ciudad de Pachuca, para terminar escuchando boleros y brindando por el gusto de la causalidad, todo se conjuga, caminar por las calles empedradas de Real del Monte o montar a caballo y cabalgar por las estrechas banquetas de un pueblo que regala fragmentos de historia. Cierto es que regresé encantada y guardé en mis poemas a la Sandunga, la Martiniana, Alfonsina, Amaranta, Amanda, la genérala Cienfuegos, la Llorona, y todos aquellos personajespara reinventar palabras que no se las robe el silencio y entre el inventario que realicé de mi tiempo y espacio me encontré nuevamente a Ingrid y a Yelitza que para variar es la misma persona, la desempolvé de ese armario donde se guarda lo que más se quiere y me la encontré completa si acaso algunos rasguños o moretones, pero completa, dispuesta a regresar y tomar los apuntes y quitar las telaraña de esos libros que deben concluirse y dispuesta a publicar en este espacio de versiones notas de interés literario y académico y no solamente los instantes fugaces de la vida o las nuevas noticias de lo que ocurre en Amaranto, ya no publico poemas porque a decir de la Maga cuentan como publicación y no podrían contarse como inéditos en un poemario o en otra publicación. El inventario dio por resultado el regresar no cuando me fuera posible si no cuando yo lo disponga, gracias a todos los amigos bienamados que me han recibido a lo largo de la travesía.

Mi afecto especial a hidalgo tierra de vientos helados.

2 comentarios:

Mario Serrano dijo...

Ahh Ingrid! es mejor y más bonito nombre para este cambio que quieres realizar. Me dejas pensando lo de la palabra, "llevar la palabra" y creo que tienes razón, más en una época como esta en que no hay palabras sino gritos.
¿Sabes? Resultado de mis pesquisas, te propongo que escribamos a dos manos un artículo sobre la oratoria, aclarando que no sé nada sobre ese arte y a veces soy un tanto excéptico, pero encontré un discurso del año 38 que te puede interesar por lo que contiene, lo que dice, lo que enseña.

Abrazos!!

Andrés Ortiz Pantaleón dijo...

No hay que negarlo; uno se nutre de lo mejor de cada artista. Me quedo con su virtud de crear un mundo aparte y llevarse lo mejor del que realmente existe para los demás... Su pasión por la oratoria me ha llevado a interesarme gradualmente de ello. No quiero profanar nada; voy paso a paso.
Siga escribiendo Ingrid.
Y felicidades por los logros.